Esta fue una boda llena de lugares entrañables que ofrece tanto nuestra ciudad como los alrededores. Empezó a las 10.00 de la mañana con la sencillez de una espaciosa habitación en el Hotel Real dando pie a ser el lugar ideal para el maquillaje, la preparación de lecturas, detalles y charlas llenas de tiempo y risas. Yo siempre intento que por lo menos, el maquillaje se realice en el lugar elegido por la novia para vestirse ya que propicia a disponer de más tiempo y tranquilidad para la sesión de los preparativos.

Luego nos trasladamos para estar a las 12.00 en el lugar de la celebración de la ceremonia, considerado el monumento más antiguo de la ciudad, la Iglesia del Santísimo Cristo. Situada en pleno centro de la ciudad, es un pequeño rincón lleno de encanto que quita a la Catedral casi protagonismo al estar ubicada en el mismo edificio. Un lugar que por sus dimensiones es ideal para aquellas bodas que deseen tener una verdadera sensación de acogedora  intimidad.

El recinto del Palacio de la Magdalena nos abrió sus puertas para disfrutar de alguno de sus múltiples rincones en una sesión rápida y sencilla para así poder disfrutar del aperitivo que esperaba a las afueras de Santander, en el Restaurante El Nuevo Molino de Puente Arce. Este restaurante ostenta una de las preciadas “estrellas Michelin” dando pie a una gastronomía excelentemente cuidada y sorprendente. Y entre tanto… sonrisas, diversión, anécdotas y encuentros multiculturales propiciados por el trabajo fuera de España de Carlos. Todos ellos llenos de emoción que espero haber podido captar y compartir en este post.

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