La madre de Catherine es una de las personas más encantadoras que conozco, de esas que transmiten paz y amor en todo aquello que realizan. La conocía desde hace unos cuantos años atrás en mi otra vida laboral, de cuando yo me dedicaba a programar y de forma esporádica y en verano, cambiaba el lenguaje de programación por el lenguaje de la imagen. Ella fue uno de mis primeros clientes en un ambicioso proyecto en el que confió plenamente durante todo el tiempo que duró.

Y como no, fue una de las protagonistas de la boda sin intención de quererlo o perseguirlo. Creo que fue después de la novia, la persona que más atenciones recibió o al menos, esa es la sensación que a mi me llegó.

Catherine quiso que su boda tuviera un toque exótico y es por ello que su vestido y tocado fueran especiales. Sus zapatos también tuvieron su toque rebelde y lleno de personalidad y otro de los toques importantes fue su pamela para el coctel, esa pamela no podía faltar y todos los rezos y pensamientos fueron enfocados para que en la hora del coctel no lloviera y ella pudiera lucir esa maravillosa prenda para que la protegiera del sol. Y así fue, todo se encadenó a las mil maravillas y tuvimos la suerte de disfrutar del sol tanto en el paseo como en los momentos del coctel dentro de las estancias de El Nuevo Molino.

En la Iglesia de Santa María de Cueto fue una de mis primeras bodas de entonces cuando aún los álbumes se presentaban en el formato tradicional de libro de cuero y foto pegada. Curiosamente la boda que tengo de muestra en casa con ese formato ya no utilizado, la ceremonia se realizó en esta misma iglesia y echar una mirada atrás siempre te hace sacar una sonrisa al ver cuanto ha cambiado tu forma de componer y técnica fotográfica.

Los momentos antes de la ceremonia son los instantes del reencuentro con los amigos y familiares, los nervios por la emoción de lo que en breve sucederá y un montón de sensaciones más que solo los novios pueden describir.

Un placer siempre el disfrutar de la música con el Grupo de Cámara Corelli que estuvo encargado de ambientar la boda con su siempre buen hacer.

Y aprovechando que nos encontrábamos en Cueto, qué mejor sitio para realizar la sesión de fotos que El panteón del Inglés, un lugar que incorpora una construcción en memoria de la amistad.

Y una vez terminada la sesión nos fuimos rápidamente al precioso lugar del banquete, El Nuevo Molino, un punto de regencia de la restauración en Cantabria al contar con una estrella en la famosa Guía Michelín. Un espacio que nunca defrauda por su buen servicio y excelentes instalaciones para este tipo de eventos.

Y por supuesto, muy agradecido por las palabras que Catherine tuvo para con mi trabajo en el apartado de recomendaciones dentro del portal www.bodas.net

“Fer hizo las fotos de unos amigos y cuando las vi me dije… si algún día me caso, quiero que Fernando Baños las haga, tiene un ojo. Sabe buscar la foto perfecta en el momento adecuado. Las fotos que nos ha hecho son simplemente espectaculares.”

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